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Aprovechamos las condiciones naturales del lugar —el sol, el viento, la orientación y el clima— para lograr espacios más confortables y eficientes. Primero bajamos la demanda con el proyecto; después elegimos los equipos.
La arquitectura sustentable no es una lista de productos. Es un orden de trabajo: primero se reduce cuánta energía necesita el edificio aprovechando las condiciones naturales del lugar —la orientación, el sol, el viento y el clima—, y después se cubre lo que quedó con la fuente más limpia disponible. Ese orden es el que separa una obra que efectivamente gasta menos de una que tiene los mismos consumos de siempre con un cartel verde en la puerta.
Y es, además, el orden más económico. Las estrategias principales del diseño bioclimático no tienen costo adicional: dependen de un buen proyecto arquitectónico. Una construcción que aprovecha bien los recursos del lugar consume menos energía toda su vida útil, así que sale lo mismo construirla y mucho menos usarla.
Germán Vázquez fue profesor de posgrado en Arquitectura Sustentable en la UBA-FADU entre 2016 y 2023, tiene posgrados en Diseño Sustentable e Instrumentos de Gestión Urbana, y forma parte de la red internacional de promotores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. El estudio dicta cursos de arquitectura sustentable desde 2018.
Antes de hablar de presupuesto, hay un conjunto de decisiones que se toman en el tablero y son gratis: hacia dónde miran los locales de uso diurno, qué proporción de vidrio lleva cada fachada, cuánto vuela el alero al norte, dónde se ubican las aberturas para que la casa ventile de lado a lado, qué compacidad tiene el volumen. En un proyecto que arranca bien orientado y bien protegido, la demanda de calefacción y refrigeración puede caer a la mitad antes de comprar un solo material especial.
Después hay dos decisiones que sí implican una inversión inicial, y se estudian caso por caso: incorporar energías renovables puede representar alrededor de un 5% adicional en una instalación estándar, y una envolvente de gran aislación en muros y aberturas, entre un 3% y un 5% más, que se amortiza con el menor consumo. En la práctica esa diferencia se compensa economizando en otros rubros del presupuesto: una construcción eficiente termina costando lo mismo que una que no lo es.
Una casa mal orientada con paneles solares sigue siendo una casa mal orientada. El equipo tapa el problema; el diseño lo resuelve.
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Además del trabajo de estudio, dictamos cursos y talleres de arquitectura sustentable y diseño bioclimático desde 2018: en el ITBA, en la Bienal Nacional de Diseño, en CFAS Argentina y en formato virtual. Ver el curso virtual vigente →
Por la envolvente, en este orden: aislar el techo, sellar infiltraciones en aberturas y encuentros, y recién después cambiar las carpinterías. El techo es por donde se va la mayor parte del calor y suele ser la intervención más barata por unidad de energía ahorrada. Comprar equipos antes de aislar es pagar dos veces.
El predimensionado define el tamaño del sistema: potencia fotovoltaica en kWp, superficie de colectores solares térmicos, volumen de acumulación, capacidad de baterías o potencia de inyección a red, a partir de la curva de consumo real y del recurso solar del sitio.
La factibilidad agrega las tres verificaciones que definen si conviene hacerlo: técnica (superficie útil, orientación, sombras, estructura de soporte, punto de conexión), normativa (régimen de generación distribuida de la provincia y trámite ante la distribuidora) y económica (inversión, ahorro anual estimado y plazo de repago). Es un informe que se puede contratar solo, sin proyecto de arquitectura.
El termotanque solar sí, y rápido: cubre buena parte del agua caliente del año. Los paneles fotovoltaicos conectados a red tienen un repago más largo y dependen mucho de la tarifa vigente y del régimen de generación distribuida de cada provincia. Por eso hacemos primero el predimensionado y la factibilidad: el número sale de la cuenta del proyecto, no de un promedio. Y los dimensionamos después de bajar la demanda, no antes.
Es una etiqueta —de A a G, como la de los electrodomésticos— que califica cuánta energía necesita una vivienda por metro cuadrado y por año. La emite un profesional certificador sobre la base de las normas IRAM y del procedimiento nacional, y en varias jurisdicciones ya es obligatoria para transferir o habilitar.
Sí, con equipos preparados para baja temperatura y una envolvente aislada. En una casa mal aislada la aerotermia decepciona, igual que cualquier otro sistema: el problema no es el equipo, es la demanda.
Sí. Podemos hacer un diagnóstico de una vivienda existente con recomendaciones ordenadas por relación costo-beneficio, un predimensionado y una factibilidad de energías renovables por separado, o acompañar como asesores a otro estudio o a una constructora.
Mandanos dónde está el terreno o la obra y qué tenés pensado. Respondemos con una primera devolución técnica, sin cargo.